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Susana Chávez-Silverman

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Heart Hold On Crónica

 

Claramonte, Califas
4 october, 2013

 

Para Esmeralda, mi avatar, in memoriam

 

I am inconsolable. Lost in my own cat-less casa. Hasta enferma, in terrible pain (la Vet, muy sympathetic, me dijo que los gatos y los conejos chatter their teeth—as Esmeralda had been doing, durante meses—when in excruciating pain), she’d totter upstairs, maneuvering como small, determined bumper car, tanteando el terreno con paws y whiskers, desde que perdió la vista, with no warning and no explanation (no physical explanation, anygüey), en el 2005. Cada mañana venía, clambering gingerly up her little muñeca staircase to my high bed, pa’ asegurar que yo estuviera despierta. A las 7 de la mañana llegaba, on the dot.

 

En sus días ensalada, if I didn’t comply immediately, la Esme hacía incredibly badgering travesuras, perfectly designed pa’ obligarme a investigar. Trepaba, oh mini-tejón, al vintage 60’s bureau, caminando fastidiosamente entre el enjambre de perfumes, swiping deliberately at one or two. Or, she’d become a cuerda floja daredevil. Esto hace ya años, en el 2001, when we came back from living in Buenos Aires and I turned the loft into the master bedroom. Effectively anunciando al mundo—en la semiótica del espacio doméstico—que el Dorian and I were a loveless (y sobre todo basically sexless) pareja.

 

Esto, OB-vio, was totally unconscious, en el momento. Pero mi therapist observó, hace poco, que irónicamente un loft es el espacio más open, más public de la casa. Esa anagnórisis would only come years later. A couple of years ago, after I’d kicked him out and reclaimed my rightful recámara. The large, private, serene oasis at the back of the house, arriba, rodeada de eucaliptos, pinos, y con vista de los swaying, frondosos jacarandaes que adoro. En el 2001, I’d transformed that private recinto into my study, alegando demasiado noise del teenaged Juvenil, y bla bla. Pero luego lo abandoné como study en el 2008, al volver del Retrete. Digo, de mis dos meses en el Montalvo Arts Center, de writer-in-residence.

 

After those transformative two months away—lejos de mi casa (y de Dorian) por primera vez en 15 años—de repente something about being on the same floor as Dorian me ponía los pelos de punta, although the conscious knowledge of that (de ese horror vacui) would only begin to dawn on me later.

 

Desde el 2008, ese master bedroom-cum-study languidecía, Sleeping Beauty bajo brambles, mientras yo escribía downstairs, en el dining table. Dizque por el mucho calor upstairs. Pero aunque OB-vio, eso es sólo en verano, I never moved back upstairs to write. Como en “Casa tomada” de Julio, ahora me doy cuenta, ¡le cedí todo el floor de arriba al Dorian! Even as he also colonised my new downstairs writing spot, con su repentino y ávido interés en tocar el piano (siempre bastante mal, conste, pero yo después de sus embistes dizque musicales, ya casi nunca lo tocaba…). También estaba su obsesión con el “gourmet cooking.”

 

Pero anygüey, a lo que iba. Entre el 2001 y el 2005, cuando la Esme lost her sight, solía trepar de un single muscular leap a la cama y luego, fearlessly, directamente al ledge behind the bed, una half-wall that overlooks el living, down below en la primera planta. There she’d prance, right on that edge, meowing bien “look-at-me,” green eyes flashing imperiously, plumed tail aloft, hasta que aterrada, exasperada, me levantaba para rescatarla.

 

Una de sus peores hazañas en años más recientes, post-ceguera, era su manía de volcar los trash cans. To foil her, I’d buy ever-more-impervious tachos de basura. Con lids, or real heavy ones. Pero nothing stopped her. Si sus bed-leaping antics no surtían efecto, bajaba las doll steps y caminaba hacia el baño. Volcaba el trashcan, pawing off the lid skillfully y allí mero se metía, searching out los little pieces of plastic o de celofán que eran su greatest delicacy. Ese jodido rustling siempre acababa por hundirme. Irrevocablemente despierta, I’d race to snatch up her formerly plump y lately cada vez más endeble black-furred body, terrified de que se hubiera tragado algún cosmetically-induced veneno. Y ella me sonreía, te lo juro, triunfante.

 

I know Esmeralda was ready to go, even as Joanna, mi adorada astróloga y amiga, was released from pain this year. El 1 de mayo. Nine months to the day after Montenegro and I were together, en Pretoria. As Joanna had foreseen. So, I summoned the strength to let Esme go el 3 de octubre, on Joanna’s Libra birthday.

 

 

El Juvenil llamó and semi-berated me while I was at the Vet, in the little private death chamber. With the beloved pet I’d gotten for him, cuando él tenía 10 años, lying in my lap, her life ebbing away. Me increpaba, as if her death were my fault. Pero fortificada con el knowledge que me trajo este horrible verano, “el miedo masquerades as anger,” I coached myself, “anger masks fear,” me dije, though my heart was breaking.

 

It’s his illness talking, I reminded myself. “Be a mirror, not a sponge.” Las mantras de NAMI. —I’m sorry you feel that way, honey, le dije. And then I just waited. Miraculously, he changed his tune. —Take pictures of her, Mom, he commanded (only) semi-gruffly. And so I did.

 

Y hablando del corazón: like my own (I am, after all, her human avatar en esta tierra), Esme’s heart refused to give out! Refused to give up, to let go.

 

Después de una lethal injection, dijo la Vet, it normally takes 5 minutes. 15 at the outside. Tres veces entró la Vet pa’ checar. —I can still feel her purring, insistí. —Impossible, dijo la Vet, pero escuchó con el stethoscope. —Her heart is still beating, admitió, puzzled. —Strong heart! Three times she did this, repitió este procedure, before gently murmuring, —she’s on the other side now.

 

Almost 40 minutes I held you, Esmeralda. Whispering to you, acurrucándote, brushing you con un small slicker brush que me prestaron. No habrías querido entrar al heaven sin que tu fur se viera just-so, ¿que no?

 

And so adiós, my little Lioness-hearted black beauty. For now. Sólo por ahora. Ahí te wacho, on the other side.

 

 

 

Nina/Nahla Chrismy Crónica

 

9-XII-13
Claramonte, Califas

 

Para Nina Longinovic
Y para Ksenija “la Yugo” Bilbija, in love & remembrance


Creo q mi primera imagen de ti es de esa Chrismy, 1994 tiene que haber sido, when your whole family came to stay for, like, two weeks! ¿Te acuerdas? How old were you anygüey? Well, el Juvenil must’ve been 7, la Una was 5-6, so you were, maybe 3? Hazarding a guess.

 

Yo estaba con el Dorian (aka P), OB-vio, y ya totalmente desenamorada (not that I’d ever been in love, pero… esa es otra). We all had to go to the MLA (en San Diego). Tengo dim recuerdos of you being ill (some kind of infección?), y del Gran Vampiro (aka Toma, your dad) driving all the kidz to Disneyland in my gold Mercury Sable station wagon—solo. ¿Puede haber sido? ¿Fue la Yugo, too? No me acuerdo, la neta. All I know is, I sure as hell didn’t. Detehto Disneyland. Sólo he ido como 3 veces en la vida, and one of them was in utero.

 

I do know we all went to the Beverly Center on Chrismy Eve y fue un total desastre (para mí), pues me sacan de onda los crowds y OB-vio, había un chingo de tráfico, both ways (y eso que fue hace OMG, 19 años, imagine the traffic now!), y hasta me comenzó a dar un fucking migraine, allí mismo, bajo las fluorescent lights en ese enjambre Mall.

 

Pero creo que la Yugo estaba embelesada con la noción de ir a un Mall en L.A. And as you know, I’m sure, la Yugo (con su Marte en la Casa 1) puede ser bahtante testaruda cuando algo se le antoja. Huelga decir: she got her way.

 

También fuimos todos, that same night, a cenar a un pretty cheesy pero wildly popular restó mexicano, “El Coyote,” no lejos del Bev Center. Uf, Chrismy Eve en un bad Mexican restó. ¿Puede imaginarse algo más weird, más quintessentially L.A.? Well, esa cena fue divertida, at least.

 

Para New Year’s Eve (nunca una de mis fiestas predilectas, uf, far from it, la neta, even at the best of times) fuimos a Rosarito Beach, para quedarnos unos días en el slightly famous y slightly cutre (pero no del todo exento de un certain retro charm) “Hotel Rosarito Beach.”

 

Lo que me ha quedado grabado para siempre es:

 

1. me emborraché perdidamente (y no de una forma agradable, not even slightly; el Dorian had to keep rubbing on my back, harder and harder, so I wouldn’t puke my guts out) porque las margaritas allí eran way stronger than what I was expecting, es decir: they were THE REAL THING.

 

2. escogimos un New Year’s Eve dinner pésimo del buffet, de all white things. Can you imagine? ¿En México? Te lo juro: gross, incongruous gringoesque dizque foods, como rubbery white fish, dry, mealy white rice, a putrid, liquidy, sosísimo white flan, cheap champán.

 

3. la Yugo y el Gran Vampie estaban peleados a muerte, por oscuros motivos invisibles a ojos de otros humanos (digo: non-Yugo eyes). Refunfuñaban entre dientes y sotto voce, en serbio. OB-vio, yo no captaba ni mus, pero la icy expression en la cara de mi deep friend, la Yugo, said it all. Como dije: it’s never been my holiday. And anygüey, como que NO me latía tampoco, tener que retirarme, after dinner, a la habitación con el Dorian. Uf, ugh.

 

So I just sat there at the dinner, cada vez más abstraída, escuchando los sonidos de ese harsh, beautiful language, lengua que me había punzado el corazón cuando vi el film “Montenegro” de Makavejev en 1982 con Howard, con mi Montenegro (ah, pero esa es otra). Pero this time, twelve years later y en circunstancias decididamente menos épicas, aquellos melifluos yugo-sounds were being deployed like torpedoes, hurled para mantener la distancia, hissed para abrir una brecha. No para seducir. Balde de agua fría. Disconcerting. Raro. Pero, ay, what an egger I am! Of course, it was just…their language. La lengua natal de la Yugo y del Gran Vampiro. Tu lengua, too.

 

Ay Nina, coño. Como que me he alejado del “tema.” ¿Cuál era el tema?

 

Oh yeah: LA PRIMERA VEZ QUE TE CONOCÍ. OK, patrás en la montura…

 

Anygüey, on Christmas morning 1994, con una vocecita ronca, casi casi de mujer, how can I describe it, a verrr, eras una blonde, round-cheeked Yugo-baby con la voz de una Elizabeth Taylor serbia. No, mejor, de una Lauren Bacall. Sí, eso es.

 

El rubro jugueteril ese año era “The Lion King.” Que Simba por acá, Nahla por allá. We’d gone to Blanco and bought all three of you kidz Rey León figures up the wazoo. Several minutes of peaceful playing ensued pero entonces de repente en una, you growled in that adult, cocktail party, Eastern Euro-inflected whine, “Joey’s NOT sherring wif me! He’s got my Naaah-la,” you lamented apocalyptically.

 

Ahora mismito en este almost Chrismy, 19 years later, me parto de risa, conjuring up that baby Nina-voz. Ahora estás casi casi a punto de empollarte de la U. de Tejonlandia (aka Wisconsin), y hasta you are about to lance yourself al graduate school! En español, no less—el mero mero gremio de la Yugo. Y el mío. Incredible.

 

Never, pero never, en todo este tiempo (y aunque hace años que sustituíste un broad, nasal Midwestern twang por ese hoarse Serbian purr, traded esas chubby cheeks por los cut-glass, heartbreaker chiselled pómulos de tu Yugo mami), nunca se me ha olvidado esa SoCal Yugo Chrismy morning.

 

 

* * *

 

Susana Chavez Silverman grew up bilingually and biculturally, in Los Angeles and Santa Cruz, California, with extended stays in Madrid, Spain and Guadalajara, México. In the 80’s, at the height of apartheid, she lived for several years in Pretoria, South Africa. She teaches courses on U.S. Latin@ and Latin American literature and culture at Pomona College in Claremont, California. Co-editor, with Frances R. Aparicio, of Tropicalizations: Transcultural Representations of Latinidad (UPNE/Dartmouth 1997) and, with Librada Hernández, of Reading and Writing the Ambiente: Queer Sexualities in Latino, Latin American and Spanish Culture (Wisconsin 2000), she has also published numerous essays on Argentine poet Alejandra Pizarnik, as well as on other contemporary Argentine and Chican@ authors. Her book, Killer Crónicas: Bilingual Memories, was published by the University of Wisconsin Press in 2004 (paper and Amazon Kindle 2011). Her crónicas are anchored in an unequivocal at-homeness in both Spanish and English and the space(s) in-between; her work is at home in U.S. Chican@/Latin@ literature, but navigates other transcultural terrains as well, notably Spain, Mexico, Australia, Argentina and South Africa, all geographies which are at once “heimlich” and ineluctably foreign to her. She travels widely, throughout the U.S. and abroad, giving
performed readings from her work. Her second book, Scenes from la Cuenca de Los Angeles y otros Natural Disasters was published in April 2010, also by the University of Wisconsin Press. Her crónicas have been widely reprinted online and in print journals and anthologies, such as the inaugural Norton Anthology of Latino Literature (2010) and in Ambientes: New Queer Latino Writing (2011). Susana is currently working on a third bilingual creative nonfiction book, Our Ubuntu, Montenegro: del Balboa Café al Apartheid and Back.

 

 

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