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Elena Chávez

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Querido:
Hace días recojo tu ropa sucia
como quien recoge
la ropa de un muerto
-con asombrosa seriedad-
y ritualmente doblo tu abrigo
como si con ello lograra acomodar tu propio cuerpo.
y luego, tranquila, tomo las mangas,
intentando que el espacio vacío
entre la tela y tus manos invisibles
fuera tan solo una ligera distancia contenida.
Al terminar, me baño
e intento limpiar mi carne
Definitivamente –he ido pensando
aprendimos a pedirle a dios
cosas que no merecíamos.

 

 


Saudade

 

Y de pronto descubres
que has estado tanto tiempo
caminando en el desierto
arañas, piedras, remolinos
y un recuerdo repta y muerde
tu estómago vacío

 

en la arena aprietas
tus manos lagartijas
cierras los ojos
y tu sombra
de metro sesentainueve
miente
ahora estás en casa
un inmenso espejismo de palmeras
agua

 

abres la puerta
pero nuevamente lagartijas
arena
y un calor que te desgarra

 

intentas decir algo
pero las palabras se retuercen
(la aridez del sol nunca consiguió
apagar el silencio)

 

pensabas que hace un tiempo
ellos habían estado aquí alguna vez
-unos más amilanados que otros-
y en la solitud de ese recuerdo
a ti te crecieron espinas
a otras piedras
y había algunas
que iban sembrando flores amarillas
sobre sus pequeñas sombras

 

sobrevivir a todo, contra todo, pese a todo
al tiempo a las inclemencias a la verdad
a los procesos de la verdad a los eventos
al olvido nuevamente y al silencio
(¿son sus nombres como el polvo
o como el viento?)

 

de pronto descubres
que has estado tanto tiempo
caminando en el desierto
que ni el abrazo de tu sombra
te devuelve el vacío
aleteando ahí de golpe

 

tú sabes que ellos en cambio
apenas si logran mantenerse en pie
los mata el silencio
no soportan el olvido
la piel aún les quema
como si fuera el infierno
odian su soledad
y en su recuerdo todo crece

 

(Ah y este silencio
matándonos de miedo)

 

sus nombres
como las piedras
ruedan
ruedan
y van cayendo
al precipicio

 


 

Poema del desierto

 

i. Entendamos, los desiertos del Perú palpitan de vida
(y los zorros habitan los desiertos)
ii. Digan lo que quieran, Lima es un desierto sobre un

cementerio de palmeras
(y todos los zorros, en este desierto, son del color de la arena)
iii. E Ica es un desierto habitado por brujas
(Cachiche será hundida por un diluvio y en Nazca los astros

pronostican días de sequía)
La luna se traga todas las noches de la Huacachina y su

pequeño Oasis de miel
iv. Zurita soñaba que era un ángel blanco
enterrado en los desiertos negros de Atacama.
Con esa voz de ángel, dice:
“Recuerden, compatriotas, queridos conciudadanos, que

nuestros desiertos antes de 1970 eran las Pampas de

Atacama.
Si no hubieran los desalmados lavado la sangre de los

hombres a favor de la dictadura,
entonces estas aún podrían ser los Oasis de Chile”.
vi. Recuerden, queridos compatriotas, las palabras del

fanático: “¡Soldados! Vais a completar la obra más grande que el

cielo ha encomendado a los hombres: la de salvar un mundo

entero de la esclavitud”. Pampas polvo muerte.
vii. La sangre del desierto son los surcos de la historia azul
de mi propio rostro
de mi propio cuerpo
de mi propia casa
(y los zorros camaleónicos entran y salen de mi piel arenosa)
viii. En fin, el desierto, ahí donde solo crecen flores

invisibles, es, para los olvidados,
un cementerio florido.

 

 

* * *

 

 

 

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