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Jorge Hernández Lasa

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Hoy me han dicho te quiero
en un idioma que no es el mío.
Escapó libre y me arrulló
en ónix. No fui yo quien lo oyó,
sino otro. Yo desparecí
en la nana que cantan las madres
y en los juegos inventados de las niñas.
Yo me morí al albor de una verdad
y supe que las palabras siempre se van
y no vuelven cantando mensajes de amor,
como los jóvenes de pecho caliente
al comienzo de todas las guerras.
Hoy me han dicho te quiero
en un idioma que no es el mío.

 


Tus ojos


Tus ojos son verdes y amarillos.
Son del color de la mañana
sobre el césped de rocío,
del oro sucio y chicle de menta,
del trigo a punto de encañar,
de la sorprendente flor y la altiva rama
del arbusto de autovía.
Cuando el cielo está apelmazado,
tus ojos reflejan las nubes,
se tiñen de lavanda,
buscan el marrón de la tierra recién labrada.
Por tus ojos,
Gauguin se hubiera quedado en casa,
Los Girasoles no costarían 39 millones.
Por tus ojos,
que miran fijamente mi alma,
alzo la voz y detengo el tiempo.
Te los robaré, Amarilis,
uno lo venderé en el mercado negro,
otro me lo desayunaré,
trozo a trozo,
gota a gota,
hasta que te quedes ciega,
hasta que no quede más
iris y niña,
amarillo y verde.
Y soy egoísta:
trabo imposible batalla con tus párpados
(piedra y honda, puño y mordisco)
para que no te los limpien,
para que no te los tapen,
para que solo miren,
secular seculorum,
el temblor de mi corazón
avergonzado.


 

 

 

* * *

 

 

 

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