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Virginia Lucas

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La fábrica de Babel

a Xi Lizhi

Es del día la melopea pálida
en la que, atentos cantan y trinan
los oficiales de la manzana:
Apple, applenitas casi en estertor destrozan los días plenos
en palabras habituadas
a los pájaros urbanos y maxilares
este domingo azul de setiembre
no distinguen el mirlo del cuervo, la alondra del zorzal
la reja contrasuicidio de la regaliz o el licorice.
Allí, donde babel es una mosca avarienta que en disonancia posa las alas
sobre exequias aún humeantes
y Santa María, es el valle donde la vecina dijo
de la máquina de coser, la maquínica exactitud donde el tiempo
desconoce su fuente: milanesas tiernas y puré
donde el tiempo, rehúsa la fuente y un gato gordo
posa, al rastro de aceite, rendido
en su bandeja de ofrenda.
Onetti, deambula metido en la casa
diciendo -lunes-, diciendo con insistencia -again-
mientras otro tornillo, cede, inexplorado
a lo lejos

 

como un ágil cuerpo muerto
sorteando las vallas
carozo deshecho
de utilidad mórbida.

 

 

 

El canto de las garrafas

 

Como en una película inglesa
transcurre el día, gris y moderado
sin altibajos
entre lo esperado y lo porvenir.
Es que, en un aire ligero
las nubes van desplazando
algo más que el grosor del momento
si se torna espesa la habitación y diría,
por la ventana ya no de aluminio sino madera
diría que has venido mientras
en el zaguán un pájaro trina por la puerta
y el patio, en verde luminaria anuncia primavera.

 

Fuera el canto mecanizado del camión de las garrafas, fuera,
el ómnibus, el rington nuevo
y la clemencia...ah, la clemencia del paso lerdo por la acera.

 

De su cuerpo, esta tarde de siesta
persiguiendo el aroma al río, por la rambla,
cuando el día es ido, ya, benéfico
leyendo
la plenitud del vahído que te avisa, piénsala, con más ahínco
piénsala en el doblez de las hojas irrumpiendo el paraje
la mensura de lo posible,
piénsala en la larva que cabrea en el gesto fugaz del gato
acariciando el haz de luz, el umbral, la sombra rosa de su pelo
y el perfume de canelas…

El té inglés de plantación armenia, la mirada castaña haciendo juego
combina un trozo de azahar, la bellota del parque

 

-Latinoamérica.

 

 

 

3.14

porque no había un todos los días...

“Que sea una performance” -me dice-.

 

Me dice con la exigencia de años
por encontrar sabor, en lo ausente.

 

Frenética, pone migas en la mesa
se quiere en la pulga minúscula del perro
o en la liendre del tipo pobre
sarnosa la calle y el ómnibus, cuando insiste en decir
sobre los cínicos
y recordar el barril del loco
Diógenes, el mismo perro en su tipo
abierta la ciudad a casas pequeñas

 

Se dice, con voz de GPS, buscando sitios
/yi Pi es/ -ingenua- y monótona. Me dice, mientras
el rastro desanda la quimera de lo efímero
y ya sin ínfulas, va yendo sobre el asfalto:

 

- paródica moneda en la que piensas en la performance.

 

“Que sea performance” -me dice- perdiendo el distintivo
al acto, original. Singular e idéntica, estremecida -clama-
¿y el día a día? Le pregunto: -¿y la noche a noche?

 

(aún la quiero en casa) (constante irracional)

 

La perra sacude la cola, la mueve veloz, contenta
se orina, por vieja, pero cada vez, en su ir de cuerpo
inaugura el acto, único, y sin protesta.



 

* * *

 

 

 

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